• Reconoce los logros que alcance.
  • Ayúdale a identificar y corregir las creencias erróneas que tiene sobre su persona, por ejemplo: “soy malo para las matemáticas”.
  • Motívalo a descubrir todo lo que es capaz de hacer y acompáñalo en el proceso.
  • Escúchalo atentamente cuando te hable, si estás realizando alguna tarea, interrúmpela por algunos minutos y demuéstrale que te importa lo que está contando.
  • Hazlo responsable de tareas que sean adecuadas para su edad, por ejemplo: ayudar a poner la mesa, hacer su cama.
  • Guíalo para que encuentre sus propias soluciones, en lugar de darle todas las respuestas. Utiliza frases como: “piensa, ¿cómo podemos hacerlo?”
  • Enséñale a reconocer sus errores y aprender de ellos.
  • Toma en cuenta su opinión. Por ejemplo, cuando estén decidiendo a dónde ir en un fin de semana o hablando sobre qué comida preparar.
  • Reconoce los esfuerzos que realiza por hacer las cosas bien, por ejemplo: “¡felicidades! terminaste toda la tarea” o “no conseguiste el resultado deseado pero estoy orgulloso por el esfuerzo que hiciste”.
  • Demuéstrale siempre tu afecto y cariño. Abrazarlos y expresarles lo mucho que se le quiere, fortalecen su autoestima.