“LA MATERNIDAD, MAS ALLÁ DE LO BIOLÓGICO , ES UN HECHO SOCIAL CULTURAL Y, ADEMÁS, POLÍTICO”

20 de noviembre de 2014 at 8:34 PM Deja un comentario

 “Las mujeres están constantemente repensándose en la maternidad: cómo soy como madre, como feminista en la maternidad, como mujer en la pareja, todo el rato. Esa concienciación, que para ellas es una herramienta muy potente y el estar autonegociando constantemente cosas para luego poner en práctica, está en todas ellas”. (…)

Jugando a ser mamá. Catalina Patiño Echeverry.

“No se puede concluir que la relación entre feminismo y maternidad sea conflictiva o incompatible sino todo lo contrario”, asegura Irati Fernández Pujana, y añade que si bien la maternidad puede provocar cambios negativos inesperados en ciertos logros igualitarios alcanzados en el seno de la pareja, la conciencia feminista ayuda a transformarlos, reinterpretarlos y reubicarlos. Esa relación incómoda que a priori podría intuirse entre feminismo y maternidad debido a esos conflictos o cambios negativos se transforma en vivencias constructivas y de aprendizaje personal a través de una serie de estrategias emocionales de la vida cotidiana. Todas las madres entrevistadas para esta investigación aseguran que el feminismo enriquece y beneficia la experiencia de la maternidad, ayuda a vivirla de una forma alternativa e igualitaria en la relación de pareja. Es más, todas ellas sostienen que en la maternidad el feminismo es imprescindible.

Su trabajo sobre feminismo y maternidad ha ganado el Certamen de trabajos Irati Fernández PujanaIrati Fernández Pujanade investigación en materia de igualdad organizado por Emakunde.  Esta  diplomada en Educación Social y máster en Estudios Feministas y de Género  ha basado su trabajo en la experiencia de cinco mujeres feministas que han vivido los cambios que suponen en sus vidas ser madres. Dice que no aporta descubrimientos “a lo grande” pero sí un punto de vista distinto, que recoge vivencias y estrategias emocionales que las entrevistadas han tenido que poner en marcha para recuperar el pacto de pareja igualitaria y rectificar algunas contradicciones surgidas entre su identidad feminista y su experiencia de maternidad.

– ¿Qué le motivó a bucear en el tema de la maternidad y el feminismo?

Al principio tenía cierta inquietud personal porque empecé a comprobar que cuando cumples veintitantos, la sociedad en general te anima a ser madre como si fuera la siguiente etapa que te toca en la vida, y no veía que a los chicos les pasara lo mismo. Motivada por esa diferencia y esa presión social para ser madre, como una especie de culminación de la identidad de mujer, me empecé a cuestionar el tema. Había leído investigaciones que decían que es precisamente  con la llegada de la maternidad  cuando se descubre la desigualdad entre mujeres y hombres, en los aspectos más íntimos e interpersonales, cuando se pone en cuestión desde la vida cotidiana la igualdad. Y realmente lo que me apetecía descubrir  era qué sucedía entonces con las mujeres feministas que en una relación de pareja igualitaria deciden ser madres,  qué cambios viven a nivel personal , si sienten algún tipo de contradicción o tensiones internas consigo mismas e incluso con su pareja, cómo ven el tema de la igualdad en la pareja a partir de que son madres,  más allá de la conciliación y corresponsabilidad, si sienten incoherencias entre su ejercicio de maternidad y su identidad feminista.

Las aportaciones de estas madres son la base de esta investigación, algo poco usual en  los estudios publicados hasta ahora.

Efectivamente, apenas hay bibliografía sobre las experiencias de madres feministas. La hay sobre conciliación, sobre  corresponsabilidad, pero sobre lo que sucede con la igualdad a partir de la maternidad y la paternidad en el plano más íntimo de la pareja, hay muy poco publicado, y me pareció que había algo por investigar, no para hallar grandes descubrimientos  pero sí para visibilizar y nombrar cosas que les interesan a las mujeres feministas que he entrevistado, y que pone sobre la mesa inquietudes suyas, que incluso reivindican para tratar desde el propio movimiento feminista. La maternidad siempre se ha estudiado como un hecho biológico, desde la demografía, la psicología o incluso desde la antropología, y la madre siempre ha sido un elemento secundario. Los estudios feministas le dieron  protagonismo al papel de las mujeres, empezaron a contemplar  la maternidad no solo a nivel estadístico sino de las emociones, y desde el punto de vista biográfico, y sobre todo cuestionaron esa naturalización o esencialización de la maternidad y del papel de las madres. Porque la maternidad es una construcción sociocultural. Yo he querido seguir esa vía porque la maternidad no puede ser interpretada solamente como un hecho biológico, sino que sobre todo debe ser abordada como un hecho social, cultural  e incluso político.

Irati Fernández Pujana

¿Se propuso desmentir la imagen que históricamente se nos ha vendido?

Yo me planteé dos finalidades: por un lado, se nos ha dicho que la maternidad es algo fantástico, maravilloso, que es lo que realiza a una mujer y que es lo que le proporciona felicidad. Pero tiene muchas partes negativas, no es tan armonioso como se nos vende y conlleva una parte negativa que siempre se ha ocultado históricamente y que además refuerza el sistema de género y sus desigualdades. He querido poner en cuestión ese modelo idealizado o mitificado de maternidad.  Me apetecía rescatar los cambios negativos que se producen en la maternidad, en mujeres concretas, pero, por otro lado, también quería sacar la parte positiva y analizar las estrategias que estas madres feministas llevan a cabo para vivir una maternidad alternativa al modelo tradicional, algo más liberador, que no culpabilice tanto a la mujer, menos constrictivo. Estas mujeres representan una ruptura de ese modelo tradicional y un acercamiento a los modelos emergentes de maternidad. Y en el caso de las entrevistadas, diría que son mujeres que hacen de lo personal algo verdaderamente político, desde lo micro, desde la vida cotidiana. Quería también tirar de ahí para proponer nuevas formas de vivir la maternidad y son esas nuevas y alternativas experiencias de ser madre las que en la investigación llamo “maternidades feministas”.

El sentimiento de culpa está presente en las respuestas de estas madres, de estas “maternidades feministas”, como usted las define.

Sí, es un elemento que no lo contemplé en las entrevistas pero ha salido en todas, aunque también es cierto que no ha sido algo muy recurrente ni tampoco muy intenso. Probablemente aquí la conciencia feminista juegue una influencia clave. El modelo de maternidad que tenemos ahora se basa en el ideal que se ha ido construyendo en los dos últimos siglos, el de la “buena madre” que supone responder adecuadamente a unas determinadas exigencias sociales, una entrega total a la crianza, tener ya de serie unos conocimientos superiores por el mero hecho de ser mujer, y eso se ha heredado. Hoy en día incluso se ha revalorizado ese código ideal que marca lo aceptable y lo adecuado de la buena madre y la crianza, y eso pesa mucho sobre las mujeres concretas. La cuestión es que al final todo lo que salga o se desvíe de ese código de conductas de la buena madre, está mal. Si das pecho porque das pecho, si no, porque no; si tomas una decisión, porque la tomas, si no por lo otro,  siempre va a haber un run run, y las madres feministas no se libran de él. Esta ideología de maternidad genera profundos sentimientos de culpa en todas aquellas madres que no logran cumplir con las expectativas, y también culpabiliza a aquéllas que no sienten como propio ese modelo y desean hacer las cosas de otra manera, como las madres que han participado en la investigación. Pero también es cierto  -y eso lo he visto en las entrevistas- que el sentimiento de culpa depende de la concepción que tenga la mujer de la maternidad. En función de las creencias sobre lo que tenga que ser la maternidad y la crianza, el sentimiento de culpa va a variar también. La seguridad que puedas tener en que la maternidad va más allá de la entrega absoluta a la criatura, etcétera, puedes percibirlo de otra manera, no tan opresora, ni que te frustre, hagas lo que hagas.

Irati Fernández Pujana

¿En las vidas de las mujeres entrevistadas  hay un antes y un después de ser madres?

Para ninguna ha representado un deseo central en sus vidas pero para todas ha supuesto un hito, ese antes y ese después, clarísimamente. Para algunas ha supuesto más cambios, para otras menos; para unas más coste personal e incluso en la pareja, por la concepción de maternidad. Para otras no ha sido tanto retroceso en ese pacto de pareja que habían acordado en términos de igualdad entre ella y su compañero, para otras ha sido un retroceso total, un vuelco, un reforzamiento de los roles de género. Es un antes y un después en muchos sentidos, con cambios positivos pero también con negativos.

Háblenos de los negativos, por aquello de que socialmente se han ocultado más que los positivos.

Los hay a nivel de pareja y  a nivel personal. En cuanto a la pareja, todas las madres entrevistadas  creían que el pacto de igualdad establecido con su compañero no se iba a tocar, que se iba a mantener igual que antes, y sin embargo han surgido cosas inesperadas: conductas, actitudes del padre, implicaciones que las daban por hechas y que no han sucedido, falta en la asunción de responsabilidades, reparto desigual de los tiempos y de los espacios…  Para algunas ha habido cierta fractura en ese pacto que han tenido que reconquistar con sus estrategias. Para otras no ha habido tanta ruptura pero sí lo que he venido denominandobrechas o desencuentros de género, es decir, distanciamientos provocados por ese orden diferenciado de valores y prioridades que mujeres y hombres tienen a la hora de comprender y moverse en este mundo, y de sentirlo. A veces,  sin que se den desigualdades, hay ciertos conflictos o distanciamientos entre la pareja que responden a la socialización de género y a las distintas formas de entender la crianza. Y ahí por ejemplo los usos del tiempo son cruciales.

¿Se refiere a la distinta manera que tienen mujeres y hombres de entender y ocupar los tiempos y los espacios fuera y dentro del hogar?

Sí, este es otro elemento que ha surgido. En principio, ellas aseguran que hay un reparto equitativo y que en el tema de los tiempos hay una igualdad, pero a medida en que iba profundizando en la entrevista, aparecían las matizaciones. Decían: “bueno, quizás los tiempos pueden parecer los mismos pero la dedicación no es la misma. Yo estoy más dedicada al tema organización o a las normas, o al vestido, y él está más en tiempos de disfrute, de ocio, de estar, por ejemplo”. Más allá del reparto equitativo que pueda haber cuantitativamente hablando, lo cierto es que el manejo de los tiempos, el tipo de labores a desempeñar o la responsabilidad asumida son bien distintos. Ese tipo de diferencias lleva mucho a distanciar a la pareja y  afecta directamente al pacto que habían entendido como algo igualitario en la relación, en ese sentido entre tiempos y espacios. En la investigación he podido comprobar que es uno de los factores principales en la aparición de esos conflictos que, incluso, en ocasiones se han convertido en desigualdades. También, y esto está muy relacionado con la culpa a la que hacíamos mención antes,  está cómo se establecen los tiempos propios. La pareja acuerda para tiempos de ocio un número de horas, pero ese run run de que `le he dejado a la criatura con no sé quién´, no es el mismo en la mujer que en el hombre. La libertad que se pueda sentir de cara a la sociedad en la crianza es distinta en los hombres y en las mujeres, y eso también afecta a las feministas.

¿Esta sería una de las contradicciones  que surgen entre la experiencia de la maternidad y la identidad feminista?

Las entrevistadas, que tienen una gran capacidad crítica y analítica, sin embargo se vieron sorprendidas con actitudes suyas y de su pareja. Por ejemplo, la decisión de tener descendencia la tomaron conjuntamente con su compañero, pero no fueron más allá, se quedaron en lo emocional de la decisión de ser madre y padre. No elaboraron las consecuencias que pueden tener, ni el papel y la responsabilidad de cada uno. Se dio por hecho, porque previamente la convivencia había sido muy igualitaria, y los tiempos también, y resulta que no. Es curioso cómo en todas ellas, si bien tienen esa conciencia,  no se dan cuenta hasta pasado el primer año de la crianza, de todos los cambios que han sucedido. Es a partir del segundo año cuando empiezan a transformar esos cambios y uno de los más urgentes es el reencuentro con la pareja, porque se deteriora mucho la relación y el reajuste de ese contrato, de ese pacto que tenían con su pareja. Y a nivel personal también, en las experiencias de estas mujeres surgen incoherencias y tensiones internas entre su identidad feminista y su identidad de madre, cuando por ejemplo se ven reproduciendo conductas o actitudes más tradicionales.

Difícil tarea la de compaginar sentimientos y razón, ¿no?

Estas mujeres lo intentan. Procuran transformar racionalmente  todos esos sentimientos y emociones que surgen en su vida como madres. Para ello, llevan a cabo una serie de estrategias de negociación y de cambio, tanto a nivel de pareja como consigo mismas. El abordaje de las emociones y más concretamente de las estrategias emocionales ha adquirido un papel casi central en la investigación.   A grandes rasgos,  la más común utilizada para con la pareja es la cesión de espacios y de tiempos y la búsqueda de la reciprocidad en todas las responsabilidades. El ámbito de las noches es muy ilustrativo, ya que se percibe como un momento crucial en el que se construye el vínculo con la criatura. Por ello, en la medida en que la implicación en la noche sea igualitaria, el reforzamiento del vínculo podrá ser igual tanto para la madre como para el padre y traerá consecuencias positivas en términos de igualdad para la pareja y también para los hijos e hijas, que contarán con figuras de apego igualmente referenciales.  De ahí saco una de las conclusiones más importantes del trabajo: La igualdad en la pareja a partir de la maternidad tiene que instaurarse desde el primer momento de la crianza.  De las experiencias analizadas se intuye que la presencia activa y por igual de padre y madre desde el primer momento de la crianza condiciona, si no determina, la igualdad de la pareja a medio y largo plazo.

¿Y las estrategias a nivel personal?

La más utilizada es la de autonegociación. Las mujeres están constantemente repensándose en la maternidad: cómo soy como madre, como feminista en la maternidad, como mujer en la pareja, todo el rato. Esa concienciación, que para ellas es una herramienta muy potente y el estar autonegociando constantemente cosas para luego poner en práctica, está en todas ellas. Esto que hago es lo que más me conviene o no, me gusta o no, e intentar cambiarlo. Parece bastante obvio pero en muchas otras madres no se da y la inercia de lo que supuestamente tienes que hacer como buena madre supera al detenerte a mirar desde fuera y preguntarte si lo que estás haciendo es coherente con los principios feministas que siempre has tenido. Al final, lo que sucede es que las estrategias emocionales que estas mujeres ponen en marcha les permiten resignificar la maternidad desde una experiencia feminista, reinventar la relación de pareja desde un pacto igualitario y construir un proyecto de crianza alternativo.

De su trabajo de campo se deduce que estas madres no perciben como costes las renuncias que a nivel personal viven tras la maternidad.

A pesar de ciertos costes a nivel individual, como que no puedan dedicarle tanto tiempo  a la militancia, o que tengan que dejar en un segundo plano aspectos que antes valoraban, como el ocio, las amistades, o incluso en algunas experiencias los retrocesos producidos en la relación de pareja,  estas mujeres lo contextualizan y lo ven como una etapa de su vida, que es normal,  y que llegará un momento en que la criatura será más autónoma o menos dependiente y ellas podrán retomar eso que han perdido.  No lo ven como algo irrecuperable,  y consideran  que la renuncia no les supone un coste vital sino un aprendizaje personal y de empoderamiento y una oportunidad para transformar todos esos cambios  gracias a la conciencia feminista que les permitía identificarlos. Todas coinciden en que ante todo, la maternidad es algo positivo, sus experiencias lo han sido. Para algunas ha habido momentos  desquiciantes, en los que no podían  más, pero sobre todo valoran la relación que tienen con la hija o el hijo, ponen mucho en valor la socialización y la educación que les van a transmitir. Varias de ellas comentaban que cambia el significado del tiempo, que empiezan a valorarlo de otra manera. Lo que al principio podía ser un conflicto, `porque ya no tengo tiempo para mí’, de repente se empieza a valorar de otra manera y adquiere otra dimensión. Incluso algunas de las mujeres añaden que la maternidad les ha ayudado a relativizar y centrar la vida, las relaciones y las cosas en general según la importancia que verdaderamente poseen para ellas, empoderándolas en un proceso de aprendizaje personal.

Otro descubrimiento positivo de estas mujeres es la relación que se establece entre el abuelo materno y el nieto o nieta.

Sí, ha sido todo un hallazgo. Cuando ellas han sido niñas y han visto que su padre era un padre ausente o que no ha tenido la misma implicación que su madre, en una sociedad en la que el papel del hombre en el hogar era el del proveedor, resulta que ahora el abuelo está volcado, en un intento de corregir algo o de descubrirse a sí mismo cosas que en su momento las tenía escondidas. Es como si ellos quisieran resarcir la parte que no hicieron cuando les tocó como padre. Por otro lado, las abuelas maternas, que fueron madres todoterreno, son las que quieren un poco de distancia porque ellas ya cumplieron. Pero además, en alguna de las experiencias analizadas se da otro cambio en el ámbito familiar, ya que  la maternidad otorga un nuevo estatus, según el cual estas nuevas madres sienten como si su propia madre les traspasara el relevo generacional de la cadena familiar que ahora les toca asumir. Pero este análisis merecería ser tratado más profundamente en otro trabajo.

¿Quizás en una futura tesis?

No descarto la idea de ampliar la investigación. Pero en caso de seguir, tiraría más hacia el concepto de crianza, en donde las opciones de criar sean más inclusivas, vayan más allá de ser madre o padre en una familia tradicional. Creo que es hora de empezar a contemplar otras maternidades. Me interesaría analizar experiencias de maternidades colectivas, fuera de esa concepción tradicional de la familia, más allá de la consanguinidad.

Texto: Carmen Ruiz de Garibay

Fotos: Karlos Corbella

Entrevista completa en pdf

 

Para seguir leyendo:

Feminismo y Maternidad, ¿una relación Incomoda?

 

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