TODO NO SE PUEDE: Como se negocia la agenda extraescolar

3 de marzo de 2015 at 10:24 PM Deja un comentario

“TODO NO SE PUEDE” es la frase más repetida por los padres que, en época escolar, deben negociar el armado de otra agenda: las actividades extracurriculares de los chicos.

“Los lunes, taekwondo; los martes, fútbol; los miércoles, natación; los jueves, crossfit para chicos; los viernes, tratamos de que estén libres para los cumpleaños, pero el grande tiene guitarra; y los sábados a la mañana también tiene rugby mientras que los chicos, a la tarde, van a fútbol.” Ése es el borrador de la agenda de actividades extraescolares de los hijos de Carina Fridman, de 36 años. Apenas un pantallazo de estos días en los que Lucas (10), Franco (8) y Marcos (6) acaban de comenzar las clases y, excitados por la oferta de actividades posibles, atraviesan con su madre un período de plena negociación para delinear el esquema que se mantendrá el resto del año.

“El año pasado incluso tenían tenis los domingos, pero es como mucho. Lucas ahora quiere empezar con drama [teatro], pero le dije que todo no se puede y que no puede hacer tantas cosas, así que estamos negociando para ver qué deja”, agrega Carina, que aclara que lo único que está fuera de discusión es natación. “Eso no se negocia -dice con firmeza-. Es importante que sepan nadar y es muy bueno para la formación del cuerpo.”

Con las vacaciones como un recuerdo lejano y las clases ya iniciadas o a punto de comenzar, padres e hijos ocupan hoy sus asientos en la mesa de negociaciones familiares para darle forma a la agenda de actividades extracurriculares. El plan que de allí salga no sólo guiará el día a día de los chicos, sino el de toda la familia, y de ahí la importancia de calibrar la logística necesaria para poder llevar adelante esa rutina que, en muchos casos, casi se asemeja a una odisea cotidiana.

¿Qué sí y qué no? Es la pregunta que se encuentra en el centro de una discusión en la que entran en juego factores como los intereses de los chicos, los de los padres, las posibilidades económicas y de tiempo de la familia, e incluso temores que tienen cada vez más peso, como la búsqueda de alejar a los chicos de las pantallas (léase TV, PC, notebooks, celulares), sin por eso crear una agenda que los sobrecargue de actividades y vaya en detrimento del rendimiento escolar.

“Ajustar las expectativas con las genuinas posibilidades es un desafío”, resume Susana Mauer, psicoanalista especialista en niñez y adolescencia, quien señala que “a la hora de elegir una actividad extraescolar es importante escuchar y detectar en cada uno de los hijos qué nos está pidiendo. El motor que pone en marcha el deseo de hacer algo extra habita en ellos mismos, pero nos queda a los adultos descubrirlo creativamente, ayudarlos a regular calidad y, por supuesto, cantidad”. Porque todo, todo no se puede.

“La negación de nuestras limitaciones a la hora de planear con sensatez se paga con agotamiento, tensión y frustración. Estas actividades pueden ser tanto un gran aporte como un obstáculo innecesario -advierte Mauer-. Coordinando este escenario, hay madres y padres que corren agotados para cubrir sus responsabilidades múltiples. Ellos mismos -los adultos- terminan padeciendo aquello que eligieron. En cuanto a los chicos, culminan sus días con fastidio e insatisfechos. Es así como muchas veces el clima de tensión e intolerancia entre padres e hijos que llegan a casa demasiado cansados contamina los acotados espacios de encuentro e intercambio familiar, generando malestar e irritación.”

Evitar armar una agenda que conduzca a la alienación y al desborde requiere tomar en cuenta numerosos factores. Uno de ellos es que, en el afán de lograr que los chicos estén contentos y entretenidos, no se pase por alto el hecho de que las demandas de los pequeños deben ser analizadas desde una mirada adulta que tome en cuenta no sólo las ganas de hacer tal o cual actividad, sino las posibilidades reales de tiempo y madurez de los chicos para realizarlas.

“Es muy importante respetar los tiempos de los chicos”, afirma Ana Foltynek, de 39 años, mamá de Máximo, de 8, y de Uma, de 5. “Personalmente, no soy muy partidaria de la sobreactividad, quizás porque me crié en el interior, con colegio de jornada simple. Máximo va a uno de doble jornada, pero está en un momento de plenitud con el fútbol, que le divierte mucho, así que este año le dijimos que va a seguir con eso dos veces durante la semana, los lunes y los viernes, más el sábado a la tarde, si es que ese día no tenemos otro programa”, dice Ana, quien también cuenta que, al menos por ahora, la agenda de Uma está abierta: “Es muy chiquita, pero este año empieza con doble jornada, y la idea es esperar para ver cómo se adapta. Después veremos quizás alguna actividad de iniciación deportiva, un día a la semana y el sábado a la tarde”.

Otro de los aspectos a tomar en cuenta a la hora de programar es la volatilidad de los humores y deseos infantiles. “Una no puede hacerles caso en todo aquello que se les ocurre, porque muchas veces se trata de un capricho que pasa rápido: vieron a un amigo con una raqueta nueva y quieren hacer tenis. Entonces, hay que tratar de distinguir cuándo se trata de la euforia del momento y cuándo se trata de un interés verdadero”, opina Florencia Beati, de 37 años, mamá de Felipe, de 9, y de Joaquín, de 6.

Este año, enumera Florencia, los dos van a hacer fútbol tres y a veces cuatro días a la semana; otra tarde la destinarán a natación -actividad que también en este hogar “no es negociable”-, e incluso hay actividades no compartidas: el más grande, catequesis, el más chico, tenis. “Felipe ahora dice que también quiere hacer cocina, pero vamos a ver, primero porque no tiene más días libres, y segundo, porque puede ser que pase como pasó ya con karate: quiso ir porque un amigo iba, pero le dije que no y después se olvidó.”

Una vez decididas las actividades, el armado de la agenda requiere un paso fundamental para su puesta en marcha: la logística. “Te convertís en un remise”, resume Carina en una frase que da cuenta de las ideas, vueltas y esperas que implica el funcionamiento de la agenda extraescolar. “Es agotador -completa Florencia-. Lo que hacemos es armar un pool con otras madres para repartirnos el llevarlos y traerlos.”

Claro que los chicos disfrutan de la mirada de los padres, y los padres de ver cómo sus hijos crecen en la práctica de un deporte o de cualquier otra actividad. Y así como padres y madres se turnan para traer y llevar, muchos buscan incluso hacerse un tiempo para quedarse y acompañar a los hijos: “Cuando llevamos a Lucas a rugby, vamos todos: vamos con el mate a alentar, aunque ese sábado a la mañana haga un grado, llueva y el partido sea en La Plata”, dice Carina.

UN FALSO DILEMA

Los muchas veces interminables “quiero hacer…” de los chicos atraviesan como dardos la negociación del armado de la agenda extraescolar para enfrentarse con el filtro de los tiempos, los presupuestos y los propios intereses de los padres, quienes delimitan aspectos negociables y otros que no se someten a discusión. Pero a su favor, los chicos cuentan con un fantasma que persigue a los adultos y tiñe el debate. “Muchos papás se enfrentan a un falso dilema que formularía así: o bien los chicos están ocupados con actividades dirigidas y tercerizadas, o quedan atrapados indefinidamente en las redes de la tecnología (tablets, PlayStation, Internet) -sintetiza Susana Mauer-. Así, huyendo de la impotencia que este panorama les genera, recargan las agendas de sus hijos fuera de casa.”

“Uno nota que los chicos están muy quemados de la tecnología, que es algo necesario pero nefasto. Salen del colegio y pasan a los medios electrónicos que les generan un nuevo desgaste”, confirma Luján Cambariere, periodista y creadora de Ático de Diseño, en Tigre, donde se dictan talleres de diseño textil y de madera para chicos. “Los padres que traen a sus hijos a los talleres, luego de la escuela, se sorprenden de ver cómo las actividades que implican el uso de las manos -coser, bordar, martillar, lijar- hacen que los chicos, que venían superexitados y digitales, bajen, paren la cabeza y renueven su energía.”

Pero en esa búsqueda por desconectar a los chicos de la pantalla no siempre las actividades (o, mejor aún, el volumen de actividades) constituyen un refugio, sino más bien una segunda agenda a veces tan extenuante como la escolar. El problema surge, retoma Mauer, “cuando los padres se declaran derrotados frente a la atracción que la tecnología genera en sus hijos y se resignan a que estar en casa es sinónimo de estar hipnotizado frente a una pantalla. Cruzar la ciudad para llevar a un hijo a la escuelita de arte exige mucha disponibilidad, y los padres no escatiman esfuerzo a la hora de hacerlo. Pero muchas veces, en casa, no queda resto para nadie”.

“Los chicos tienen mucha energía, pero tampoco hay que sobrecargarlos -sostiene Luján-. A veces los padres no dimensionan el cansancio infantil: si están todo el día en el colegio, con doble jornada, no podés exigirles más. Y en caso de buscar actividades, hay que buscar aquellas que no los cansen más de lo que están.”

Generar un espacio sin compromisos dentro de la rutina de los chicos es un pedido que llega incluso desde las escuelas. “Desde el colegio nos pidieron que los viernes después de la escuela estén libres, como día para celebrar los cumpleaños”, cuenta Florencia. “En la escuela de mis hijos, las madres proponemos e intentamos que los chicos no tengan actividades los viernes, para que haya un tiempo para estudiar u organizar los cumpleaños”, agrega Carina.

Espacio para estudiar, para actividades sociales o, simplemente, para no hacer nada. Después de todo, el aburrimiento tan temido no siempre conduce a la pantalla, sino que puede abrir la puerta a la creatividad o la interacción con la familia. Eso sí: hay que estar ahí para ver qué pasa.

CLAVES PARA NO PERDER DE VISTA

Consejos de expertos a la hora de armar la agenda

Expectativas

Ajustar las expectativas de los chicos con las posibilidades de tiempo de que disponen (tanto ellos como el resto de la familia) para actividades.

Interés

Antes de decir que sí, evaluar el real interés de los chicos cuando piden comenzar con una nueva actividad, ya que puede ser algo pasajero.

Tiempo libre

Dejar en la agenda de actividades de los chicos días libres para los eventos sociales, como los cumpleaños, el estudio o el tiempo.

Por Sebastián A. Ríos  | Para LA NACION

Producción de Natalí Ini

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*En la escuela de padres y madres proponemos temáticas actuales de gran interés familiar y educativo.

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