¿QUE PIENSA UN NIÑO EN LA SILLA DE PENSAR?

5 de octubre de 2015 at 7:05 PM Deja un comentario

¿Qué pasa por la cabeza de un niño al que se le obliga a ir a la silla de pensar? ¿Realmente es capaz de reflexionar él solo sobre un mal comportamiento?

Ilustración: Moisés Yagües

La silla de pensar

La silla de pensar es un recurso bastante utilizado por padres y educadores. Su finalidad es la de dar un tiempo a solas al peque para que pueda pensar sobre una acción y sus consecuencias. A simple vista la silla de pensar es una oportunidad estupenda para la reflexión, aunque a mi entender no se puede obligar a nadie a pensar sobre ningún tema.

Desde el momento que obligamos a un niño a permanecer sentado en un sitio concreto como consecuencia de una acción que no nos ha parecido correcta, la silla de pensar se convierte en un castigo encubierto, ya que el adulto se vale de su autoridad para confinar al niño a un rincón con la supuesta intención de aprender a autorregular su conducta.

 ¿Qué piensa un niño en la silla de pensar? 

Nadie en este mundo puede leer pensamientos, por lo que es imposible hacer una transcripción concreta de los pensamientos que pasan por la cabeza de un niño cuando se le manda a la silla de pensar, pero cogiendo como ejemplo a mi hijo de 4 años, diez minutos en la silla de pensar pueden ser más o menos así:

“No me gusta estar aquí, no me gusta que la seño esté enfadada. No quiero estar sentado lejos de los compañeros. Vaya, me pica un pie. No puedo rascarme, tengo que quitarme el zapato. Me encantan estos zapatos rojos. No quiero estar aquí sentado. No puedo ponerme el zapato. ¡Hola mosca! No te apoyes en mi brazo que me haces cosquillas. Yo quiero volar como una mosca o como un avión. Me gustan los aviones, como el que sale en mi puzzle. Cuando llegue a casa quiero jugar a mi puzzle, ¿me dejará mamá sacar el puzzle? Igual mamá no está en casa. Espero que esté en casa hoy, quiero mi puzzle y también quiero croquetas. ¿De qué están hechas las croquetas? Las croquetas tiene queso, me gusta el queso, pero sólo el de las croquetas. Tengo hambre, quiero almorzar. Y también tengo pipí. Quiero ir con los compañeros ¿les gustarán las croquetas a mis compañeros? Quiero que Pau venga a casa a comer croquetas y a jugar conmigo. En el patio quiero jugar con Pau. Recogeremos hojas. Seguro que Dani también quiere recoger hojas, no quiero estar aquí.”

Esta situación suele acabar cuando el peque se levanta y le dice a la profe: Seño, ya he pensado. y suele seguir con : no lo haré más. Pero, ¿sabe el niño qué debía pensar?

Cuando el niño es obligado a “pensar” suele sentir frustración y enfado. Si sumamos esto a la imposibilidad de explicar su punto de vista es bastante normal que el niño siga sintiéndose mal. No solo no acaba de entender lo que le ha llevado a esa silla, sino que además no se le brinda la posibilidad de verbalizar sus pensamientos.Para él no es una ayuda que se le ofrece sino un castigo impuesto, por lo que busca una posible solución: decir aquello que sabe que la seño quiere escuchar.

¿Por qué no una silla de razonar?

Cuando hablamos de que los adultos debemos acompañar al niño durante su aprendizaje, no debemos olvidar el aprendizaje emocional y afectivo. Si enviamos a un niño a un rincón a estar solo a pensar en algo que no entiende, además no ponerle solución al problema que ha creado esta situación – si ha tirado comida no la recoge -, el niño suele sentirse desamparado.

Acompañar al niño es mostrarle la actitud negativa que está teniendo , así como la razón por la cual esta actitud nos enoja o nos pone tristes. Acostumbramos a decir a los niños que no se pega a los compañeros, pero no acostumbramos a mostrarles lo mal que se siente un compañero que ha sido atacado. Las cosas consideradas malas lo son por una razón y es esta razón la que debe entender el niño.

¿Qué puedo hacer entonces?

  • Ante una mala conducta no mires hacia otra parte para evitar el conflicto. Háblale.
  • Explícale porque estás molesta.
  • Escucha sus razones
  • No grites, agáchate y háblale cara a cara con tono calmado.
  • No lo obligues a hablar si no quiere. Ofrécete a escucharlo cuando se sienta preparado.
  • Una vez pasado el problema no se lo recuerdes una y otra vez.

                                                                                              Publicado en www.educadiver.es

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